La Luna y el claroscuro: Crear volumen u objetos donde no los hay.

La oscuridad y lo irracional se torna entonces en el mejor lugar para conocerte a ti mismo y a los demás, pues otro tipo de luz, fuerza a manifestarse afuera todo lo que acontece simultáneamente adentro. Justo lo que ocurre en una lectura de Tarot.

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El mito de la caverna: Platón y El Loco cruzan caminos.

El Tarot, aparte de ser un conjunto de cartas que sirve para tener acceso a determinados conocimientos, es entre otras cosas, un libro iniciático con su propia lógica y organización. Los denominados Arcanos mayores, relatan una historia cíclica que comienza con la carta número uno: “EL Mago”, y termina con la vigésima primera carta: “El Mundo”, la cual es denominada como “El viaje de EL Loco”. Es decir, la historia de uno de los Arcanos del Tarot: el Arcano sin número. El Loco, al carecer de número, carece también de una posición establecida, por lo que no puede ser introducido en un lugar fijo dentro de la numeración del Tarot. Pero es precisamente esa indeterminación, lo que posibilita su dinamismo y le permite adoptar cualquier posición. En su papel de bufón, imita a reyes, magos y sacerdotes por igual. Él se mueve, permanece quieto, regresa, da vueltas en su propio sitio; siempre haciendo un viaje diferente dependiendo de la persona ante la cual se presentan las cartas. Y es en esa historia relatada por el Tarot que podemos encontrar una gran similitud con uno de los tantos mitos relatados por Platón: el mito de la caverna.

La leyenda de Lao zi: un loco cabalgando hacia la nada.

Se cuenta, que cuando Lao zi queda desencantado de trabajar para la decadente corte de los Zhou, éste decide partir para nunca regresar. Pero ocurre que cuando llega al paso de Shanggu, el guardián Luanyin, reconoce al ilustre sabio y adivina sus intenciones de marcharse al destierro para siempre. Así que, para no perder en el olvido toda la riqueza de un pensamiento taoísta junto con su autor, el guardián Luanyin, convence a Lao zi de quedarse a vivir en su casa durante un año, para que escribiese un libro donde quedara expuesta su doctrina. Posteriormente, cuando tal empresa es llevada a buen fin, Lao zi puede retomar su ligera marcha, la cual queda plasmada en la legendaria imagen con la que es recordado: un sabio montado en un búfalo negro, andando hacia el occidente, extraviándose en la inmortalidad de los siglos.